COMUNICADO FEDEPE 8 DE MARZO 2016
Mujeres que mueven el mundo
'Por el reconocimiento de la capacidad de transformación social y económica de las mujeres’
En el año 2016, el entorno de incertidumbre marca el contexto económico, político- social y, también la realidad y circunstancias de empresas, organizaciones y personas. Esta incertidumbre es palpable en el ámbito español, pero también en Europa y buena parte del mundo occidental.
Esta incertidumbre tiene claros efectos negativos sobre la dinámica económica si no se optimizan los recursos y el valor añadido del que dispone cada organización. Pero, en FEDEPE, tras 30 años observando e impulsando el desarrollo del liderazgo femenino en la empresa, entendemos que esta incertidumbre puede ser el acelerador necesario, el detonante de las mejoras demandadas por FEDEPE para que las entidades empresariales acometan cambios estructurales en su cultura de trabajo, orientadas a conseguir y mantener un equilibrio de género transversal. En otras palabras, cambiar criterios, valores, horarios, y metodologías para que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades y las mismas circunstancias a la hora de desarrollar su carrera profesional dentro de la organización.
Cuestionar metodologías y sistemas, corregir desajustes, adaptar procesos para optimizar los recursos son el ADN de la rentabilidad y sostenibilidad en el entorno empresarial, máxime en una coyuntura donde la era digital impone alta adaptabilidad y comunicación multilateral. Sin embargo, hasta la fecha, aplicar criterios de optimización del talento y potencial productivo en base a la corrección de la brecha de género en el ámbito profesional no se ha concebido como una prioridad.
En FEDEPE llevamos casi tres décadas aportando nuestro diagnóstico y análisis sobre la persistencia de las desigualdades de género en el ámbito directivo y empresarial español. A lo largo de todo este tiempo, el muro más alto que hemos tenido que sortear es un “negacionismo”, que lamentablemente, en la actualidad es una tendencia al alza. Negar la brecha de desigualdad existente entre hombres y mujeres pese a todo un abanico de cifras oficiales que la confirman, y negar la trascendencia e impacto de esta brecha en la vida de todos y todas es el cristal blindado de ese famoso techo que en los últimos años apenas se ha agrietado pese al constante impulso de miles de mujeres con voluntad de liderazgo.
Mantener el contexto actual significa asumir que durante, al menos tres generaciones más, durante al menos 130 años más según proyecciones realistas de la OCDE, las mujeres seguiremos: siendo más pobres, sufriendo mayor precariedad en el mercado laboral, asumiendo el triple de responsabilidades domésticas y de cuidados que los hombres, y teniendo menos oportunidades para abrir un negocio, para obtener financiación o para ascender en la empresa.
Entender que no es prioritario dar la vuelta a esta brecha de género es asumir que las mujeres seguiremos siendo valoradas, de forma normalizada, por factores externos como nuestro aspecto o nuestra vida personal por encima de nuestro rol profesional o de liderazgo; significa asumir, igualmente, que las mujeres seguiremos siendo mejores en los expedientes académicos y en los procesos de selección cerrados como las oposiciones, pero tendremos menos capacidad de decisión. En paralelo, además, nuestras pensiones seguirán siendo hasta un 30% menores a la de los hombres al final de la vida laboral.
Sin más voces y miradas femeninas allí donde se toman las decisiones, se asumen responsabilidades y se fijan las prioridades, no será posible invertir esta situación por la que una niña nacida hoy, aún tendrá que esperar hasta ser abuela para vivir en una sociedad donde la mitad de la empresas y organismos están liderados por mujeres y donde la mitad de las necesidades de cuidados y obligaciones domésticas son asumidas por hombres.
Demasiado tiempo. Demasiado talento desaprovechado.
Y, en medio de todo esto, la responsabilidad de las mujeres profesionales, líderes o directivas de no ser cadena de transmisión, de no perpetuar este contexto; y, como no podría ser de otra manera, saliendo malparadas otras mujeres.
Todas estas conclusiones, fruto de nuestra posición para conocer la realidad de las mujeres directivas, empresarias, emprendedoras y trabajadoras en España, sin embargo, nos ofrecen un horizonte de esperanza. La oportunidad y potencial de cambio en medio de la incertidumbre, en un momento donde son los datos objetivos, la rigurosidad y los resultados los únicos garantes de viabilidad y crecimiento en las empresas. Esta cultura de la excelencia y el rendimiento, del valor añadido de la diversidad, puede ser la gran oportunidad del liderazgo femenino en el siglo XXI. Los nuevos modelos de liderazgo demandan otras miradas, otras maneras, y las mujeres estamos más que preparadas para asumir los retos.
Del mismo modo, la transformación social de feminizar la empresa y la economía es un eje clave dentro de las políticas de crecimiento sostenible que postula Naciones Unidas, y su agencia ONU Mujeres, y a las que FEDEPE se suma y apoyará participando activamente en la próxima 60 CSW que tendrá lugar en Nueva York entre los días 14 y 24 de marzo.
Por todo ello, apelamos a que, en este proceso de profundo cambio del modelo empresarial y de la cultura del trabajo, se aborde la rentabilidad y productividad de apostar por el liderazgo femenino optimizando la gran capacidad de transformación de las mujeres.
Las mujeres movemos el mundo, ahora queremos coliderarlo.

